
Se anunció en cierta ciudad de América que un gran violinista tocaría un violín que costaba
1,000 dólares.
Se llenó el teatro, pues muchos tenían curiosidad
de oír un violín de tan alto precio. (El dólar tenía
en aquellos tiempos mucho más valor que hoy).
El violinista dio en efecto, un magnífico
concierto: pero apenas apagado el último acorde,
el público vio con asombro que el músico
arrojaba el violín al suelo y lo pisoteaba hasta
convertirlo en astillas.
Inmediatamente el empresario apareció en medio
de grandes murmullos y explicó que el violín
destrozado era un violín barato que costaba
sesenta y cinco centavos y que a continuación el
gran músico tocaría con el violín de mil dólares.
Cuando lo hizo, muchos de los presentes dijeron
que apenas habían notado diferencia.
El objeto de la estratagema era demostrar que
no es tanto el instrumento como la mano que
lo pulsa lo que tiene el mayor valor,
constituyendo una propaganda en favor de los
violines baratos.
Tú puedes ser un violín de 65 centavos, pero si
te pones en la sabia mano de tu Creador y
Señor, enteramente sometido a su voluntad y
atento a ella, tu vida puede producir acordes de
gracia que hagan decir a la gente lo que
dijeron de los apóstoles “se conoce que han
estado con Jesús”.
“De cierto, de cierto os digo que el que cree en
mí, él también hará las obras que yo hago. Y
mayores que éstas hará, porque yo voy al
Padre”. Juan 14:12
“Vosotros no me elegisteis a mí, mas bien, yo
os elegí a vosotros para que llevéis fruto, y
para que vuestro fruto permanezca”.
Juan 15:16